El gas natural juega un rol decisivo en la seguridad energética de un país. Sin confiabilidad energética el sector productivo se detiene y, sin una economía operando, no hay crecimiento económico posible. El gas natural tiene una amplia paleta de usos: respalda la generación de energía eléctrica, es el combustible para cocinar de más de 12 millones de hogares y resulta vital para la generación de calor en procesos industriales.
Si bien el 70% de nuestra matriz eléctrica es limpia, el gas natural la complementa y se convierte en el combustible de respaldo para la generación de electricidad. De hecho, las térmicas a gas respaldan la generación que proviene de fuentes como la solar y eólica, que son intermitentes por naturaleza, en tanto no hay sol o viento las 24 horas del día con las mismas condiciones. Asimismo, cuando se activa el precio de escasez en el mercado spot, especialmente durante el Fenómeno del Niño, las termoeléctricas logran mantener encendido el país.
La transición energética no fracasa únicamente cuando faltan renovables. También enfrenta dificultades cuando el país pierde capacidad de respaldo. La seguridad energética no se mide solo por cuánta energía limpia producimos, sino también por nuestra capacidad de mantener encendido el país en momentos críticos.
Hoy, ante la pérdida de autosuficiencia gasífera, nuestra realidad sobre el gas natural dista de darnos tranquilidad. No es un secreto que hace más de una década se venía alertando sobre la necesidad de encontrar nuevos yacimientos de gas, ante el agotamiento de las reservas de Cusiana y Cupiagua.
Sin embargo, el Gobierno Nacional ha decidido no avanzar en la celebración de nuevos contratos para la exploración y explotación de hidrocarburos. Tampoco es menos cierto que la importación de gas natural no es del todo nueva. Pero se estaba haciendo para el cubrimiento de las necesidades de las termoeléctricas. Hoy, ya estamos importando el 25% de la demanda nacional.
El sector industrial enfrenta retos para mantener su productividad y operar sin pérdidas. El caso de Cerro Matoso es un reflejo de la radiografía del país. Esta empresa productora de níquel podría verse gravemente afectada si Canacol consigue terminar de manera anticipada el contrato de suministro que tiene con esta empresa. El 80% del gas que consume Cerro Matoso proviene de Canacol.
Al margen de la viabilidad jurídica de dicha terminación, los impactos de ese escenario son indeseables. Cerro Matoso ha anunciado que las consecuencias de ese escenario golpean la economía del país, y no únicamente la de empresa.
Los hornos, calcinadores y secadores de la empresa deben estar 24/7 en operación. Pararlos supone daños técnicos millonarios, difíciles de recuperar, causando impactos indeseables sobre la cadena económica: el país deja de recibir regalías y la generación de empleo se viene abajo.
Para Cerro Matoso, salir a comprar gas pone en riesgo su operación. Ante la ausencia de oferta, derivada de la pérdida de autosuficiencia gasífera, los precios se hacen menos competitivos.
La alternativa es comprar gas importado, pero resulta más costoso. La importación de gas natural se hace de manera líquida, SPEC, hoy la única planta regasificadora del país, se encarga de transformar el gas líquido a estado gaseoso para poder inyectarlo al Sistema Nacional de Transporte y distribuirlo. No obstante, la importación de gas natural y el proceso de regasificación hace menos competitivo su precio en el mercado.
Ello ha hecho que distintas empresas prefieren regresar al carbón, al GLP o al Diesel para asegurar su permanencia en el mercado, pero en muchos casos ese proceso de adaptación interno es dispendioso y costoso. Sumado a ello, ante un Fenómeno del Niño, la regulación prioriza el suministro de gas natural para las termoeléctricas.
El Gobierno nacional en cabeza del Ministerio de Minas y Energía ha anunciado la aprobación de nuevos proyectos de regasificación, lo cual es bienvenido, pero son proyectos cuya operación se tiene previsto para finales del 2027 o inicios del 2028. Mientras tanto la demanda de gas sigue creciendo y el Fenómeno del Niño que se avecina apunta a ser de los más agresivos.
La discusión sobre el gas ya no es únicamente ambiental. También es una discusión sobre competitividad, seguridad energética y capacidad industrial. Ignorar ese equilibrio puede hacer más vulnerable la transición que precisamente se busca acelerar.
